El Bloc de l'ICIP » 2010 » gener


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Política sectaria y sus consecuencias en las calles de Bagdad.

El pasado 27 de diciembre escribía desde el Hotel Palestina de Bagdad, un lugar prácticamente vacío en el que los guardias se mostraban totalmente relajados, los controles de seguridad eran prácticamente inexistentes y la sensación de normalidad contaminaba la precaución natural que cualquier extranjero debe mantener en Bagdad, sea cual sea la circunstancia. Este lunes, menos de un mes más tarde, un terrorista suicida se ha inmolado frente a la puerta del establecimiento, entre el edificio y el paseo de Abu Noass, punto de referencia de la prensa internacional que recala en la ciudad y teóricamente una de las zonas más seguras de la capital iraquí. Junto al Palestina, los hoteles Sheraton, Al Hamra y Babel han sido también seriamente dañados por una cadena de atentados suicidas que ha dejado 36 muertos, decenas de heridos y un mensaje claro, dirigido al gobierno iraquí en primera instancia: “ninguna zona de Bagdad es segura” y secundariamente a las decenas de periodistas que ya tendrían incluso habitación reservada para la cobertura de las próximas elecciones: “sabéis lo que os espera cuando lleguéis a Bagdad”. [+ info]

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Sobre l’atac a la selecció togolesa de futbol a Cabinda

A menys de quaranta-vuit hores de l’inici de la Copa d’Àfrica a Angola i de cinc mesos de la Copa del Món de la FIFA Sud-àfrica 2010, el bus que transportava la selecció togolesa de futbol va ser metrallat just després d’haver creuat la frontera entre República del Congo i Angola, a la regió de Cabinda. Tres morts i nou ferits en són els resultats. Cabinda és un enclavament, una franja de territori separada geogràficament de la resta del país per uns quilòmetres de costa que pertanyen a la República Democràtica del Congo, on existeix un moviment independentista del qual destaca el grup guerriller de les Forces d’Alliberament de l’Enclavament de Cabinda (FLEC). I a diferència de la resta d’Angola que és lusitana, Cabinda és majoritàriament francòfona. [+ info]

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El rotundo fracaso de Copenhague?

Foto: Daniel AbreuIndudablemente, frente a las exigencias que el consenso científico presenta sobre las probabilidades de calentamiento global catastrófico y ante las enormes -y casi imposibles de contentar- expectativas de la opinión pública global, la Conferencia de Cambio Climático en Copenhague fue un memorable e histórico fracaso. Sin embargo, tomando en cuenta el complejo proceso de dichas negociaciones, el resultado final quizás no es tan decepcionante como puede aparentar.

El casi infame “Acuerdo de Copenhague” puede que en realidad represente un paso de avance. Ubicándolo en el contexto en que fue creado, a la llegada de Barack Obama en el último día oficial de la conferencia, las negociaciones ya habían técnicamente colapsado, con uno de los grupos de trabajo sin ninguna resolución definitiva y el otro con el documento de negociación más enmarañado jamás elaborado en las negociaciones del clima, reflejado en más de 200 confusas e irreconciliables páginas. Bajo esas circunstancias ocurrió un proceso casi sin precedentes en la historia de negociaciones multilaterales a este nivel de la ONU, en el que los 115 jefes de estado asistentes, en vez de seguir la costumbre diplomática de sellar un pacto acordado previamente por sus negociadores, no tuvieron otra opción que sentarse a ponerse de acuerdo cara a cara. No es de sorprender que dicha negociación en realidad fuera llevada a cabo por un grupo muy reducido de apenas 25 países, representando a las mayores potencias económicas del mundo, y a los principales actores en el debate del clima: los Estados Unidos, Rusia, China, India, la Unión Europea, Brasil; e incluyendo algunos países en desarrollo como Etiopía y las tristemente icónicas Islas Maldivas. En esta sesión informal de casi 13 horas se definió todo el resultado de la conferencia. El hecho de que los jefes de estado hayan tenido que ‘ensuciarse las manos’, cuestiona la viabilidad del proceso de Naciones Unidas, y deja abierta la cuestión de hasta qué punto se seguirá en el futuro cercano el proceso de consenso de las 193 naciones de la ONU, o uno más cerrado, que primordialmente involucre a los ‘big boys’, como en efecto sucedió para salvar lo que se pudo en Copenhague.

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